martes, 14 de abril de 2009

Realidad abierta

La voz se agota en el silencio,
se desintegra lejos de aquí,
cuando ya no se puede vencer el aire.

Lo mismo sucede a la luz
a medida que penetra en la oscura noche.

El pensamiento, tampoco es ajeno y avanza,
consume palabras y en un momento
comienza a realentarse.
Se detiene finalmente
cuando no hay mas palabras,
empantanado en el balbuceo del sinlenguaje
como quien se interna en la arena movediza.

¿Es aquí donde todo termina?

¿Y si los signos se invierten
y el final no es sino el principio?

¿Si lo que sobresale del mar
es sólo un eco de la profundidad?

Un beso se adelanta al silencio
y extingue la voz,

unos ojos se anticipan a la oscuridad
e interrumpen la visión.

El asombro detiene el pensamiento
antes que se termine el abecedario.

Se comprueba así en un segundo
la existencia de lo invisible.