se parece a una danza,
Es como pintar,
Es beber el hambre,
Es siempre aspirar a sintonizar,
Es cruzar un puente,
Es que uno mas uno no sea dos,
Es un poema,
Un beso es siempre mas que un beso.


Cundo uno habla solo, muchas veces habla con uno,
Pero muchas veces habla con otro.
Con el otro que se busca pero se teme encontrar.
Y quizá los mejores discursos sean para con este.
También es curioso cuando se habla con uno,
Pero el orador no es uno,
Sino lo otro.
Los unos son los unos y los otros son los otros.
Es posible que en algún lugar,
En alguna visión,
Sean todos lo mismo.
Amigo Juarroz:
Perdóneme que haya tardado tanto en contestarle, pero no hace mucho que volví a París, después de unos meses de trabajo en Viena. Hace tiempo que quería decirle que la revista me es muy preciosa, en la medida en que puede hacerme oír desde tan lejos las voces nuevas y jóvenes de la Argentina. Pero ahora le escribo por otra razón más imperiosa: acabo de terminar la lectura de Segunda poesía vertical, y estoy todavía maravillado, sin dar ese paso atrás que inevitablemente damos después que un poeta nos ha hecho avanzar un poco más hacia la gran verdad de su mundo, del mundo. Sus poemas me parecen de lo más alto y lo más hondo (lo uno por lo otro, claro) que se ha escrito en español en estos años. Todo el tiempo he tenido la sensación de que usted logra asomarse a lo que busca con esa visión totalmente libre de impurezas (verbales, dialécticas, históricas), que en el alba de nuestro mundo tuvieron los poetas presocráticos, esos que los profesores llaman filósofos: Parménides, Tales, Anaxágoras, Heráclito. A usted (y a ellos) le basta mirar en torno para que toda visión prosaica caiga en pedazos ante ese apoderamiento total del ser por la poesía. He leído en alta voz los poemas que más entiendo (otros se me escapan o me reclaman una interpretación, que es quizá un auto-consuelo por no poder intuirlos de una sola vez), y en cada caso se ha repetido esa sensación prodigiosa de extrañamiento, de rapto, de acceso. Siempre he amado una poesía que procede por inversión de signos; el uso de la ausencia en Mallarmé, algunas "anti-esencias" de Macedonio, los silencios en la música de Webern. Pero usted potencia hasta lo increíble esas inversiones que en otras manos suelen acabar en juegos de palabras. Y entonces, esa mirada que ve y la mirada que no ve, una vez retorcidas en un mismo hilo, son algo prodigiosamente fecundo, una invención de ser. Hacía mucho que no leía poemas que me extenuaran y me exaltaran como los suyos, y se lo digo así al galope y sin releer, porque al final uno se pone tonto y le dan miedo tantas palabras sonoras. Pero siento que usted me creerá, y que ya somos amigos, y un abrazo.
| Julio Cortázar |
| [Carta incluida en Tercera poesía vertical, Equis, Buenos Aires, 1965.] |


soledad.

El afán de encasillar,
De encuadrarlo todo.
Hasta el aire es objeto de enfrasque.
Las palabras corren suerte de sujeción,
Dentro de un cuadrado de márgenes.
Más difícil es detenerlas.
Siempre hay una llave que abre paréntesis,
Márgenes que sin remedio ceden ante la fuerza
O ante la insinuación.
Hojas que se entregan
Incluso boca abajo.
Imposible detenerse.
Los límites se estiran siempre,
Mientras se aferran con uñas y dientes
Desaparecen suavemente como un hilo que de fino escapa a la visión.
No se distingue lo que desde dentro sobrepasa el margen,
De lo que vive fuera
Y a saltos de cabeza deja de lado el borde.
Los bordes son también limitados
Y hasta el límite tiene un borde.
Más difícil es detenerlos.
Una hoja en blanco es un llamado,
Es un brote que mira a la nube
Esperando ver el agujero por donde caerá la primer gota.
Es el silencio que interrumpe la estupidez.
Una hoja en blanco es una boca que se detuvo en medio de la calle,
Es la tecla entre las teclas
La foto que creció hasta ser foto.
Es el café que sobrevivió al lunes feriado.
Una hoja en blanco es la que el olvido del otoño dejo verde,
La que aguanto sin soltarse el invierno.
El salto en primavera.
Es el verano que cabe en un vaso helado.
Una hoja en blanco,
Es eso que ya no es.
Palabras soltadas al viento
Obligadas a saltar de la boca,
Se caen al vacío.
En el aire nadie escucha sus lamentos.
Puede que alguien las rescate,
De su viaje sin retorno,
Pero lo más probable es que anden por ahí,
Deteriorándose, desgastándose a la intemperie.
En última instancia intentan un manotazo salvador,
Así se aferran a las cosas
Que por desgracia tienen superficie resbalosa.
Cosas con o sin nombre.
En algunas casos vacías,
Pero cosas sin espacio para las palabras.
Puede el cuerpo ir desapareciendo poco a poco,
Pero puede también salir corriendo en un segundo.
El estómago puede quedarse,
O más bien puede reducirse todo a estómago.
Se pierde así la visión,
Los sentidos y el pensamiento se evaporan.
Se respira con los nervios
Los ojos no distinguen hacia fuera ni hacia adentro.
Puede le mundo desintegrarse,
Como se desintegra una flor congelada
Y ser recogido por el suelo,
Puede que todo se integre en un punto.
Es desde el punte donde todo re surge,
Las cosas vuelven y el cuerpo se re arma.
Pero puede también reaparecer todo en un instante.



De los viajes hay que procurar volver,